Da pavor pensar que en cuatro años se puedan aprobar 93 leyes en un Parlamento autonómico. Tengo la impresión de que los diputados valoran su trabajo por volumen y no por calidad. Noventa y tres leyes salen a dos leyes por mes. Me estreso sólo de pensar que semana sí, semana no, me levanto con una nueva normativa, densa y farragosa, que incluye con toda seguridad un régimen sancionador y un montonazo de obligaciones que, de no cumplir, me convierten en un mal catalán. En definitiva quiero que Montilla convoque elecciones cuanto antes mejor; así me ahorro, como mínimo, un par de leyes y sus consiguientes mandatos imperativos.
La web del Parlament informa—en 31 páginas— de todas las leyes que se han aprobado desde 1980. ¡El peso de la Ley cae sobre nuestros hombros y nuestros bolsillos!
El repaso de algunas de esas Leyes mueve a la inquietud. Por ejemplo, la Llei de Vegueries, que pretende no sólo cargarse las provincias, sino crear otras nuevas, pero cambiando el nombre de Provincia por el de Vegueria. O sea más gasto, más funcionarios y más impuestos.
La Llei de Protecció dels Animals que, bajo el cínico argumento de la defensa del toro, ha prohibido en Cataluña uno de los inequívocos símbolos de españolidad. Esta ley es la venganza de algunos por la victoria de la selección en el Mundial y da fe de la rabia que Carod lleva dentro porque los suyos se lo han cepillado y no le dejan repetir en las próximas elecciones.
La Llei de Modificació de l'escala autonómica del IRPF y la Llei de Regulació de l'Impost de Succesions i Donacions, que nos sube los impuestos para financiar tantas necesidades ficticias como generan tantas leyes innecesarias.
La Llei del Codi de Consum de Catalunya, la Llei del Cinema y la Llei d'Educació son tres leyes redactadas para multar por razones lingüísticas, para imponer un modelo monolingüe, fomentar el desconocimiento del español y, por lo tanto, caminar hacia el empobrecimiento cultural y económico de toda la sociedad, en especial de los más jóvenes. Y como colofón a mi selección de leyes he escogido las leyes de Localització i identificació de les persones desaparegudes durant la guerra civil i la dictadura franquista y la Llei del Memorial Democràtic, basadas en el ánimo de revancha.
Preferiría que nuestro Parlamento aprobara la próxima legislatura una décima parte de las leyes que ha parido en el actual mandato. Además, sueño con que dichas leyes no sean tan extensas, con tantos reglamentos y regímenes sancionadores con tablas de multas leves, graves y muy graves. Sólo quiero que me dejen en paz, que se redacten normas que digan hasta dónde el gobierno y el Parlamento pueden inmiscuirse en mi vida, mi familia y mi trabajo.
No quiero que la administración, ni el Gobierno, ni el Parlamento vengan a salvarme, pero sí necesito a alguien que me libere de estas 93 leyes y, si nadie lo remedia, de las 93 que vendrán.
JOAN LÓPEZ, PROFESOR DE LA UNIVERSIDAD ABAT OLIBA