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Sobre Cataluña y el resto de EspañaIncapaces de elaborar un proyecto propio para España, González y Chacón han sucumbido al lenguaje nacionalista que continuamente se refiere a España y Cataluña como realidades diferentes.
El pasado día 26 de julio el País publicó un artículo conjunto de Felipe González y Carme Chacón titulado “apuntes sobre Cataluña y España”. Es un artículo muy interesante, no sólo por la relevancia de sus autores dentro del socialismo español, sino porque nos permite ver y analizar el seguidismo intelectual que, al menos una parte del socialismo, en algunos aspectos políticos relevantes, realiza del nacionalismo.
Incapaces de elaborar un proyecto propio para España, han sucumbido al lenguaje nacionalista que continuamente se refiere a España y Cataluña como realidades diferentes e incluso confrontadas; a una concepción nacionalista de España como “Nación de naciones”; y a la defensa de la inmersión lingüística obligatoria en Cataluña como elemento cohesionador.
Es lamentable caer atrapado en el marco mental y el lenguaje nacionalista. Los marcos mentales y el lenguaje son muy importantes en política, por eso quienes sabemos que, desde hace siglos, Cataluña es España por una Historia y un presente político y cultural compartido, debermos referirnos a sus relaciones como Cataluña-resto de España.
Igualmente se equivocan, González, Chacon y el socialismo, apoyando conceptualmente la idea de España como “nación de naciones”, porque si lo que queremos es un proyecto de España que sea inclusivo de las diferentes, complejas y compuestas identidades de los ciudadanos, la solución es la “nación de ciudadanos” que establece la Constitución. Es ésta la que permite “la convivencia de identidades diversas en un mismo espacio y con las mismas reglas de ciudadanía”. El Estado plurinacional en España, lejos de resolver los conflictos entre nacionalismos, constituye un paso adelante en la dialéctica entre nacionalismo de estado y nacionalismos de oposición, un paso más en la pugna constante entre identidades. La España plurinacional convierte la nacionalidad en una obsesión donde el ciudadano es la principal competencia que se disputan los diversos nacionalismos, donde los poderes públicos tienen como principal tarea la de perpetuar los rasgos nacionalmente diferenciadores y donde aumentan las tensiones y reivindicaciones separatistas apoyadas en un fraccionamiento de la soberanía que hoy, como en cualquier otro país democrático, reside en el conjunto de los ciudadanos españoles. Apoyando la “nación de naciones” los socialistas contribuyen a trasladar el sujeto político del individuo, del ciudadano, a los territorios; a hacer que el centro de la vida política sea la territorialidad en lugar del ciudadano y sus problemas. Contribuyen, sin duda, a que el centro de la vida política sea el nacionalismo, que con sus preocupaciones competenciales y de territorialidad, hacen de la acumulación de poder un objetivo en si mismo. Es la España “nación de ciudadanos” la que nos hace más fuertes porque se centra y atiende mejor los problemas de los ciudadanos, garantiza la igualdad de derechos, deberes y oportunidades, independientemente de la cultura, lengua o sentimiento de pertenencia, sitúa a España entre los modernos Estados de Derecho y es compatible con el reconocimiento y protección de las distintas culturas, lenguas tradiciones e instituciones de los diferentes pueblos de España.
Finalmente me referiré a la inmersión lingüística. Es un rasgo del nacionalismo fundamentar en la lengua la cohesión social confundiendo unidad social con unidad lingüística, pero resulta grosero que desde el socialismo se diga que la política lingüística de imposición que supone la inmersión lingüística obligatoria favorece la cohesión social. Están confundiendo unos y otros que unidad social significa sociedad igualitaria y en libertad y es en ambas cualidades donde se fundamenta la convivencia y la paz social. En consecuencia la base de la cohesión social, se encuentra en el respeto a la dignidad de las personas, los derechos inviolables que le son inherentes y el respeto a la ley y a los derechos de los demás. Resulta grosero que el socialismo, o una parte del mismo, fundamente la cohesión social en la identidad lingüística en lugar de en una mayor libertad, en una mayor justicia, en una mayor redistribución pública y en un mayor bienestar.
Antonio Espinosa, Secretario de Acción Política de C’s.
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